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EL SANTUARIO

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April 19

pelis de culto XIII: La Cosa de John Carpenter

 

Año 1982, Carpenter nos presentó uno de sus mayores fiascos comerciales (aunque hay que recordar que su estupenda filmografía, en general, jamás fue el paradigma absoluto de la comercialidad). Una historia de ciencia ficción que adaptaba por segunda vez  la novela "Who goes there?" de John Campbell, después de la correcta versión de Christian Nyby "El Enigma de otro mundo" (del año 1951, y según las malas lenguas, rodada totalmente por Hawks, su productor). Carpenter ya había dado muestras de su brillantez como narrador de cine fantástico con una serie de películas míticas dentro del género, popularidad que acrecentó en años venideros con un estilo muy particular, austero en ocasiones, pero repleto de esa esencia que recorre el buen cine fantástico (obras como "Halloween", "La niebla" o "1997 : Rescate en Nueva York" deberían ser un ejemplo claro a la hora de rodar buen cine fantástico).

En esta ocasión, el argumento nos mostraba a un grupo de personajes aislados en una base de la Antártida. Nada más comenzar el filme verían amenazada su rutina diaria por un hecho harto extraño, un misterioso perro parecía traer dentro de si un parásito que imitaba toda vida existente con tal de sobrevivir al paraje helado donde acontece la acción. La perfección de sus imitaciones de seres vivos se convierte en el detonante del enfrentamiento interno dentro del grupo.

El filme contó con un guión de Bill Lancaster, y le sirvió a Carpenter para dar rienda suelta a su visión nihilista del ser humano. Su puesta en escena, brillante y cercana al espectador, brilló tanto en aquellos espacios abiertos donde hizo acto de presencia su habitual brillantez a la hora de rodar el panorámico, como en las escenas intimistas y esa calma tensa que se apoderaba del grupo de supervivientes. Su labor visual fue magistral, encuadres limpios, planos medios para la inmediatez de la amenaza o planos secuencia de gran descripción formal con respecto al amenazante lugar donde nuestros personajes luchan por sobrevivir. Acompañado eso si, de un guión sublime, que hacía especial énfasis en el enfrentamiento interno.

El filme fue un rotundo fracaso comercial y crítico, algo que visto hoy en día resulta risible, más teniendo en cuenta el reconocimiento futuro de esta obra maestra del cine fantástico, reivindicada por futuros cinéfilos y estudiosos de la historia del cine. Un ejemplo más de la ignorante visión de ciertos medios hacia el cine fantástico de su época ( muchos ejemplos hay de esta corriente, como el cine de terror de la Universal, la Hammer, el cine de Sci Fi de los años 50 en Usa, las adaptaciones de Poe por parte del controvertido Roger Corman, etc), ignorando el valor del cine de género como catalizador de la época en la que se desarrolla, y sus convulsos vaivenes sociales (algo evidente en cualquier estudio del cine fantástico de cada época), demostrando una vez más, que el cine fantástico es aquel que mejor trata su aspecto de denuncia sobre ciertos actos sociales que marcan nuestras rutinarias vidas.

Destacar también la labor actoral, un ejemplo claro de brillantez coral, no solo de su popular protagonista Kurt Russell (cada vez más indudable la evidencia que mostró la mejor cara de su carrera para el maestro Carpenter), sino de todo el reparto, haciendo creíbles todas y cada una de las actuaciones mostradas en pantalla. Un ejemplo claro de mimetismo actoral con la historia de trasfondo, sin sobreponerse ni dejarse engullir por unos efectos especiales magistrales por parte de Rob Bottin, dejándose de artificiales efectos y optando por lo artesanal como ejemplo claro de creación cercana y tangible. Sus criaturas, y todas las transformaciones que acontecen en el relato, son de una absoluta genialidad, resultando tan cercanos que ayudan a la credibilidad del relato, mezclándose de manera perfecta con los cuerpos de carne y hueso que pululan por tan sugerente lugar (la primera transformación del perro o la cabeza mutada en arácnido son acongojantes).

Desde un principio, con la aparición estelar de ese perro perseguido de forma incomprensible por parte de los científicos noruegos, Carpenter deja clara sus intenciones. Recurre al hecho más evidente del buen cine fantástico, ya comentado aquí en multitud de ocasiones, ya que no solo se conforma con introducir el elemento amenazante en un entorno cercano y seguro, sino que además lo hace mediante un ser en apariencia adorable y cercano, resultando aún más efectiva su carga simbólica de inseguridad y amenaza. En un alarde de brillantez poco habitual en el género, su director nos habla de la desconfianza, busca de manera artesanal y obsesiva dar forma corpórea a algo inaprensible, intangible, pero no por ello menos humano. Esa desconfianza nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida siendo inconscientes de que realizamos este acto reflejo de introspección en nuestro día a día, y Carpenter lo explota de manera brillante con un enfrentamiento de desconfianza antológico, remueve en la herida de una de las lacras de nuestra sociedad, la incomunicación externa como vehículo paralelo de la desconfianza interna.

Un filme magistral, cuyas dobles lecturas solo otorgan aún más valía a un entretenimiento de primera clase, donde los elementos que conforman el relato se apilan de manera armoniosa para ofrecernos una pieza de orfebrería fantástica. Imprescindible.

   

March 08

Discos inolvidables VII: Opeth - Blackwater Park 2001

Opeth no es una de esas bandas que pasan desapercibidas si eres una persona con oído abierto y con ganas de que te sorprendan.
El toque progresivo que tiene esta banda de death metal es sencillamente magistral. Influencias que van desde rock de los 70's, jazz, blues, etc.. Sin olvidarnos de los pasajes acusticos que les caracterizan y esas melodías/atmosferas que se transforman en rafagas de éxtasis.
"Blackwater Park" marca un punto de inflexión en la carrera de esta banda sueca, fue el principio de la etapa de unos OPETH sublimes, delicados.. y porque no decirlo, conocidos. Por entonces este nombre era un extraño, hasta la llegada de esta nueva etapa.

No espereis acordes rotos y riffs pesados como podíais encontrar en discos como "Morningrise", aquí la guitarra ha pasado a un punto acogedor, envolvente, deslizándose y creando una tensión armónica sin precedentes. Todo ello acompañado por una de las mejores voces Death Metal del panorama hacen de la atmósfera del disco una contínua oscuridad y melancolía de la que no puedes evadirte hasta la última canción.

La voz, caso aparte, continúa con sus tonos guturales alternándose con voces limpias, esta vez mejor producidas, más blancas y envolventes, y con la genial participación de Steven Wilson (PORCUPINE TREE) en ciertas canciones como "Bleak", que dan un tono notable y variado al disco.

Las canciones son, generalmente largas, pasando todas ellas de los 6 u 8 minutos, salvo la instrumental "Patterns in the Ivy", corte acústico de transición y de una gran calidad emotiva.

En canciones como "Bleak", "Dirge for November", "The Drapery Falls" la magnitud del estilo de OPETH se hace claramente visible, desmarcándose del Death Metal original para situarse con pinceladas progresivas dentro de un estilo único, lo que a estas alturas se agradece enormemente y se debe admirar, dado que escapan de los cientos de grupos fotocopia que salen al cabo del año... es lo que hacen grandes a estos suecos.

El primer corte del disco, "The Leper Affinity", es quiza el tema más rápido del disco, un tanto rabioso, empezando suavemente con una acústica y pasando a la acción rápidamente con una guitarra punzante y una voz totalmente hipnótica. Todo ello acompañado por una batería que no se limita a acompañar la música, sino que su función es claramente ornamental, muy plagada de detalles y rítmos quebrados.

Siguiéndole encontramos "Bleak", un medio tiempo único. La voz de Akerfeldt en esta canción sobrepasa el límite de la razón.. profunda.. oscura.. acompañada por una rítmica que da dinamismo a la canción mientras el riff principal se mueve con total soltura dentro del ambiente creado. Todo esto deriva en un momento acústico, un solo mas propio del Blues que del Death Metal y una pequeña participación vocal del antes mencionado Steven Wilson, transmitiendo un sentimiento de melancolía y añoranza inigualable.

"Harvest" es casi en su totalidad un corte lento, comenzando con un rítmo acústico adornado con acordes eléctricos. Todo ello aderezado en todo momento por voces limpias, ausentándose en este caso la voz gutural propia del Death Metal.

"The Drapery Falls" es, en mi opinión, la mejor canción del disco, la más variada y más clara referencia de lo que OPETH quieren transmitir. El principio de la canción es simplemente para enmarcarlo, ejemplar hasta su ultimo acorde. Las primeras notas vocales son voces blancas, casi solitarias, acompañadas tímidamente por una acústica y un acorde en segundo plano, que dota a la canción de una suave melancolía. Todo esto pasa a convertirse, casi sin darte cuenta, en un canto de rabia y desesperación, donde la canción se torna ligeramente más rápida y la voz de endurece notablemente.

Comienza aquí "Dirge for November", suave, triste, lenta... una voz limpia, entrecortada, temblorosa, junto con unos acordes acústicos y un rítmo transitivo hacia una parte donde desemboca toda la furia contenida. Siendo punto clave en esta parte la batería del señor Martin Lopez y un Akerfeldt dándole guerra a las cuerdas. vocales. Todo esto concluye lentamente con un rítmo triste que se repite hasta el silencio.

"The Funeral Portrait" inicia el rítmo donde "Dirge for November" lo deja, pero pronto se acelera dando paso a un corte rápido y de perfil progresivo donde no baja el rítmo en ningún segundo, solo en el momento precedente al solo de guitarra.

"Patterns in the Ivy" transporta al oyente con una melodía acústica acompañado por un suave piano clásico hasta la última canción del disco, homónima de éste y la más larga de todo el CD. Se introduce con un medio tiempo pausado donde las guitarras cobran protagonismo absoluto para de pronto hacer una pausa en seco y dar paso a la voz, que pronto pasar a ser un tramo atmosférico, sencillo, pero sublime, para de nuevo tornarse agresivo y desgarrador.

En definitiva un disco obligatorio de tener sobre todo si eres un fan de lo progresivo e innovador.

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January 28

Pelis de culto XII:Heat de Michael Mann

Dos historias paralelas que se cruzan, un policía y un ladrón de bancos, varios robos, un par de tiroteos bien llevados, personajes femeninos con sustancia, conforman una trama muy interesante que puede verse una y otra vez, curiosamente aderezada con la característica de haberse superado a sí misma.Me explico, como película artística y de entretenimiento, "Heat" tiene toda la pinta de ser una fábula montada en torno al doble protagonismo de Robert De Niro y Al Pacino, después de ver sus resultados, no queda más remedio que llegar a la conclusión de que independientemente de su protagonismo bicéfalo es una de las mejores películas de acción-drama más inteligentes brindadas por el cine norteamericano de los años noventa y de todos los tiempos. Sus virtudes son la esencia de un estilo visual muy definido, un sólido guión, la extraordinaria dirección de Michael Mann, y por supuesto un reparto maravilloso que no frena sus excelencias en De Niro y Pacino, sino que alcanza también en su talante a todos los secundarios que aparecen en este invento, desde Tom Sizemore hasta Val Kilmer."Heat" me lleva a no reparar en elogios porque es uno de los pocos largometrajes policiacos originales capaces de liberarse de todo tipo de parafernalia previsible para ir al corazón del asunto que llamamos cine, que en definitiva es el objetivo de meter al espectador dentro de la película, vista de este modo no tiene desperdicio. Sus casi tres horas de duración se nos antojan cortas, principalmente porque se nos cuentan dos películas en una, lo que me lleva a pensar, que Michael Mann pudo haber instalado una forma distinta de hacer las cosas, llevando el paralelismo en el montaje hasta sus últimas consecuencias, "Heat" es sin duda alguna la mejor película de su director, y es además una película rica en sus personajes, situaciones intensas, y secuencias de acción bien filmadas que atrae al buen aficionado del cine de acción, incluso por sus trucos. Por supuesto que tiene trucos, como toda excelente película, y es un placer descubrirlo, un ejemplo para abrir boca: las mujeres de la historia, aparentemente secundarias, que sin embargo cobran protagonismo creciente y sirven para definir a los protagonistas masculinos, es uno de tantos detalles que pueden encontrarse en esta obra maestra.

 

November 14

Peliculas de culto XI - Los duelistas de Ridley Scott

Cuestión de honor

Resulta muy curioso el hecho de que la que probablemente sea la obra más desconocida de Ridley Scott, o al menos la que pasa más desapercibida entre toda su filmografía, sea también uno de sus mayores logros cinematográficos en todos los aspectos, un hecho digno de mención si tenemos en cuenta que suponía el debut en la dirección de Ridley, pero sobre todo por la injusticia que supone que caiga en el olvido una joya como ésta. ¡Que el diablo me lleve! ante tan grave afrenta, ¡Exijo una satisfacción inmediata!. Bueno, eso o algo parecido es lo que diría Feraud, el temperamental personaje encarnado por Harvey Keitel en la película ante una situación como ésta, o incluso más insignificante. Afortunadamente estamos en el siglo XXI y eso de los duelos está algo desfasado, así que intentaré colocar al film en el lugar que le corresponde sin hacer uso de la espada. Además, ¿quién las necesita hoy en día, existiendo las armas químicas? pero insisto, vayamos a la película…

Gerald Vaughan-Hughes adaptó de forma particularmente fiel la novela corta "The Duel", de Joseph Conrad (aquí titulada del mismo modo que la película), conservando los elementos fundamentales del relato, con muy pocos añadidos y un final abreviado, pero mucho más intenso, en un guión muy propicio para trasladar con éxito a la pantalla (y Scott supo coseguirlo) el verdadero espíritu de la historia. Lo que cuenta, es el camino seguido por dos oficiales de caballería del ejército napoleónico (Gabriel Feraud y Armand D’Hubert, a quienes dan vida Harvey Keitel y Keith Carradine, respectivamente), que a partir de un asunto insignificante comienzan una disputa (más bien la comienza Feraud) que se irá prolongando duelo tras duelo durante largos años, llegándose incluso a olvidar el absurdo motivo del origen de la riña. Con el avance del tiempo y el temible boca a boca, la historia de los dos duelistas irá adquiriendo dimensiones legendarias (aunque este aspecto resulta mucho más enfatizado en la novela) y a la vez crecerá la necesidad de un desenlace que consiga tranquilizar sus almas. Pero no será tan fácil. Las carreras militares de ambos contendientes van por caminos separados, y las reglas del honor y la disciplina impiden enfrentarse en duelo a dos contendientes de diferente graduación, así pues, sólo podrán enfrentarse cuando sus caminos se crucen y los ascensos de su adversario o los propios se lo permitan.

Scott rueda con una sorprendente sobriedad, cuidando al máximo los planos, que muchas veces se asemejan a auténticas pinturas, sin tener demasiado que envidiar a la excelente Barry Lyndon que Kubrick rodara un par de años antes con un presupuesto muchísimo más elevado (Los duelistas ni siquiera costó un millón de dólares), y con la que comparte algunos parecidos, siendo el principal la presencia de los duelos y el honor, que sin embargo, aquí tienen un mayor protagonismo. La forma en que se ruedan los duelos debería ser un ejemplo a seguir por muchos, pues la claridad es la constante común en la percepción visual de todos ellos, a pesar de estar rodados de distinto modo evitando así caer en la monotonía. La cámara está siempre donde debe, permitiéndose algunos insertos de una espada cortando un trozo de piel, o de una mortal estocada, pero en ningún momento confundiendo al espectador. El duelo a caballo es quizá el presentado de una forma más diferente pero igualmente efectiva sobre todo dada la brevedad del mismo, insertando imágenes de los duelos anteriores mientras los caballos de los dos oponentes van aproximándose al galope, antes del único choque del duelo, que terminará prematuramente (es decir, sin la muerte de ninguno de los adversarios, como todos los anteriores) pues la sangre de la herida recibida en la frente, cegará a Feraud, interrumpiendo la lucha.

Los escenarios naturales contribuyen en gran parte a la belleza de las imágenes, con total ausencia de decorados, así como el vestuario, el maquillaje y todos los aspectos puramente artísticos, incluyendo aquí las interpretaciones, encabezadas por los dos duelistas que se elevan destacadamente por encima del resto del reparto, pues la propia historia está centrada única y exclusivamente en ellos dos (aunque conducida a través del personaje de Carradine, del mismo modo que en la novela) y esto ya se deja advertir en los títulos de apertura en los que de entre todo el reparto, únicamente figuran sus dos nombres. Pero sobre todo hay que dejar un hueco destacado a la fotografía de Frank Tidy, que combina sabiamente las luces con las sombras sacando el máximo partido a cada escena. Herman Melville escribió una vez: «En el arco iris, ¿quién puede trazar la línea donde acaba el color violeta y empieza el anaranjado? Vemos con claridad la diferencia de colores, pero ¿dónde exactamente, se mete el primero en el otro, mezclándose con él?». Esta acertada observación que Melville utilizara para relacionar la cordura con la locura, ilustra a la perfección lo que ocurre con los cielos que se ven en Los duelistas. La fenomenal labor de Tidy logra unos cielos sólo parcialmente iluminados, en su parte inferior, cubiertos por unas crecientes tinieblas, sin una línea divisoria clara. Esto puede interpretarse fácilmente como un reflejo de la dualidad presente en todo momento en la película, de las personalidades de los protagonistas y de su mutuo enfrentamiento. Feraud, un loco fanático de los duelos, temperamental y quizá un tanto amargado, es la oscuridad que se cierne sobre D’Hubert, más reservado y equilibrado, pero también orgulloso, y ese orgullo unido al fanatismo de su adversario será precisamente el que les impulse a continuar su lucha, a pesar de que cada vez transcurra más tiempo, incluso años, entre un enfrentamiento y otro. A su vez, la larga pugna va propiciando un acercamiento, que vincula extrañamente a D’Hubert con Feraud, convirtiendo su relación no ya en un amor-odio, que sería del todo imposible, pero si en un respeto-odio muy interesante. «Nadie se bate tres veces con un hombre para luego hablar mal de él», llega a decirle a su general el personaje interpretado por Carradine. Ésta extraña atracción alcanza su culmen en la fantástica secuencia de la campaña rusa, la última vez que se verán los oponentes antes de la caída de Napoleón, y en la que D’Hubert acepta internarse junto a su eterno rival en medio de la tormenta de nieve dispuesto a matar a los cosacos, sus enemigos comunes. A pesar del rechazo de Feraud a su invitación a un trago tras matar a los rusos, y a pesar de las difamaciones que éste va lanzando sobre él por toda la ciudad, D’Hubert le salvará el pellejo de la comisión especial que se forma contra los bonapartistas al recuperar el trono Luis XVIII. Pero basta tomar la frase de D’Hubert que cierra la novela (aunque en el film no se diga como tal, queda perfectamente patente lo que se dice), para ejemplificar esta atracción: «Es extraordinario, cómo, de un modo u otro, este hombre se las ha arreglado para introducirse en mis más hondos sentimientos».

Otro detalle digno de mención es una excelente elipsis que ignora por unos instantes el destino de la última bala del último duelo (por otra parte el único con pistolas), dejando al espectador en un pequeño suspense mientras la historia se entretiene en la reunión de D’Hubert con su amada, para luego regresar a Feraud, caminando sombrío por el bosque. Entonces, la cámara se interna en los árboles y la voz en off continúa donde nos habíamos quedado, y luego ya, entrando también la imagen en la escena interrumpida, vemos la sentencia de muerte de Feraud, que será inmediatamente acatada por éste, cuyo rostro ajado en el perturbador plano final es el de un auténtico cadáver viviente.

Los duelistas fue un debut inmejorable para Ridley Scott, llegando a alcanzar la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y también un preludio perfecto para Alien y Blade Runner, que junto con este comienzo conforman a mi juicio sus tres mejores películas.

 

 

November 12

Discos inolvidables VI: Living colour- Vivid 1988

¿Un grupo de negros en el mundo del Rock Duro? No sé por qué razón, pero a las personas de raza negra no les va esto del Heavy Metal o el Hard Rock como tampoco les va el ciclismo o la natación, por poner dos ejemplos. Y no es que no haya habido casos, desde Hendrix, Kravitz o los mismísimos Bad Brains, pero son excepciones, pequeños porcentajes que no alteran el conjunto. Y a finales de los años ochenta, en plena ebullición de todo el Thrash Metal con sus calaveras y sus historias diabólicas y el Hard Rock “Panten Pro-V”, salta a la palestra un grupo llamado Living Colour con su disco debut “Vivid”, con una imagen totalmente Funk (Fashion dirían ahora) y con dos auténticos portentos de la naturaleza llamados Vernon Reid y Corey Glover a la guitarra y voz respectivamente.

"Vivid" es una explosión sonora. Funk, Heavy Metal, Soul y buenas canciones en raciones gigantes. Producido por Ed Stasium, capaz de trabajar con gente como Talking Heads, Julian Cope o Ramones y Motörhead, y apadrinado por gente como Mick Jagger o Public Enemy, ya desde el principio enseña sus cartas y muestra que va a moverse a caballo entre los estilos antes mencionados. De hecho, el disco lo podemos dividir en dos partes bien distintas: la Hard Rockera con “Cult Of Personality” o “Desperate People”, donde las canciones son más estándar, con potentes bases rítmicas, delirantes punteos a cargo de Vernon, y la voz de Corey Glover que más parece un chorro a presión al estilo Hard Rock de los ‘70 pero con ese toque negroide, soulero que hacen de Living Colour una banda especial. Y por otro lado estaría la parte más Funk, donde meteríamos coplas como la marchosa “Funny Vibe” (que recuerda mucho a los Red Hot Chili Peppers del "Mother´s Milk") o “What´s Your Favorite Color?” donde el metálico riff del principio da paso una guitarra hiper funky que hace que sea una de las canciones mas bailables del disco. Sí, has oído bien, he dicho bailable. ¡¡¡¡Esto es Living Colour!!!!

No quiero hacerme pesado y enumerar todas las canciones del disco (todas destacables) pero tampoco quiero marcharme sin antes hablar un poco más de dos de ellas, que además son bien distintas:

Con “Glamour Boys” basta cerrar los ojos para que nuestra mente nos transporte hasta cualquier playa del Caribe. Ritmos tropicales tocados con maestría y mucha marcha para hacer una de las joyas del disco. ¿La canción del verano? Bueno, siempre será mejor que lo último de Georgie Dann.

Con “Open A Letter (To A Landlord)” ocurre otra cosa bien diferente. Cada vez que alguien se quede sin saber definir lo que es el “feeling”, sólo tiene que recurrir a esta copla. Oír a éste hombre cantar la primera estrofa y ponerse los pelos firmes y en formación es todo uno. Un medio tiempo donde Corey Glover se luce a pleno pulmón, cabalgando sobre unas magníficas líneas de bajo.

"Vivid" es un disco de difícil catalogación, que toca demasiados palos y demasiado dispares y eso a veces puede no gustar. Desde luego la manida palabra “fresco” le viene al pelo. Tampoco te confundas, que si he hablado de “baile” o “funky” o “ritmos tropicales” también podría hacerlo de riffs cañeros o baterías contundentes porque estos tíos, al fin y al cabo, son una banda de Rock y te aseguro que rockean duro. Prueba de ello es la gira que se marcaron como teloneros de Anthrax.

A pesar de todo, al final lo que cuentan son las canciones, la calidad del producto y ahí "Vivid" va “sobrao”. Y es que Living Colour es una banda de Hard Rock que suena a “negro” y no unos negros que tocan Hard Rock (que no es lo mismo) y es ese sonido único lo que convierte este disco en un clásico y en uno de mis favoritos de todos los tiempos.

WHAT´S YOUR FAVORITE COLOR, BABY? LIVING COLOUR!!!!!

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